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Arte

Una de las manifestaciones que mejor expresan lo que fuera la variedad y riqueza de la vida espiritual de los aónikenk es el sentido que lograron desarrollar respecto del arte, en especial de la ornamentación.

Los aónikenk fueron artistas decoradores natos que supieron administrar y enriquecer su herencia manifestada en la gran pintura rupestre y en los aportes de otros pueblos con los que mantenían contacto. El sentido de su arte ornamental se manifiesta tanto en la sencillez como en la armonía de conjunto de sus diseños y en el empleo de una limitada gama de colores que supieron convinar con talento, consiguiendo resultados de notable belleza.

El sentido armónico entre creencias y estetica se patentiza en el uso de pinturas corporales que además de las funciones tradicionales de uso ceremonial y de protección (otras) era de tipo estético en las mujeres, las que solían pintar su rostro con zumo de calafate en la creencia de que les permitiría para blanquear el cutiz.

Pintura Rupestre

Los antepasados de los aónikenk les legaron un rico patrimonio en laderas de los cerros, cuevas y farellones, donde dejaron grabadas las concepciones de un mundo preterito.

El arte rupestre de la Patagonia, cuya expresión más rica y conocida es la Cueva de las Manos en el norte de Santa Cruz, se caracteriza por el predominio de manos, contorneadas de pintura, o estampadas. Este estilo de manos resulta ser el mas antiguo (10.000 años). En la misma región de la Patagonia Centro-Sur, caracterizada por la proliferación de las manos, se puede observar el desarrollo del estilo de escenas con predominio de figuras de guanacos, realistas primero y después crecientemente deformadas. En menor grado se encuentran representaciones de avestruces y otras especies animales, y también del mismo hombre. En relación probable con el desarrollo de la cultura que desembocaría en la de los tehuelches historicos, floreció en tiempos posteriores (inicios de la era cristiana) un tercer estilo de grabados, esta vez elaborados con preferencia en farallones rocosos (bardas) y de difusión en toda la Patagonia, conocido como estilo de pisada, pues ilustra motivos que re presentan o imitan rastros de animales y humanos junto a motivos geométricos. Algunos de estos motivos, tipo laberinto, tienen relación con la idea central del Mas Allá, es decir, del bien, del mal y de la vida en el más allá.

Música

Koolo. Instrumento de cuerda. Los aonikenk fueron un pueblo que tuvo una especial sensibilidad por la mísica, manifestada especialmente en el canto. Fuera como expresión de alegría, tristeza u otra situación que los afectara colectivamente o personalmente, el canto siempre staba a flor de labios, y en tal sentido los testimonios son reiterados, tanto que sin exagerar podría afirmarse que ellos vivían cantando. También los cantos eran a causa de agradecimienmtos o de bienvenida, con fines propiciatorios o para conjurar amenazas y males. En tiempos más antiguos los ancianos cantaban las leyendas tribales, según infoma Munster, del mismo modo que canciones totémicas, como lo ha afirmado Casamiquela.

Su sentido musical se manifestó de distintas maneras. Especial interes demostraban por tocar la corneta y el acordeón y les agradaba de manera particular escuchar las cajitas de música, que solían presentarles viajeros y colonos. El tocar su instrumento llamado koolo era lo que les provocaba mayor placer, obteniendo de él una extraña y dulce melodía llena de sugestiones.

El koolo era un instrumento formado por el arco y su complemento de hueso que se deslizaba sobre la cuerda de crines. Era prácticamente el único instrumento propio, ya que el tamboril y el sonajero, se empleaban en dar ritmo a los pasos de baile con sus sonidos secos y amelódicos. Munster da a entener que el hueso también era soplado, sirviendo como instrumento de viento, lo que explicaría los agujeros practicados en algunos, a manera de una flauta, afirmación que ha creado confusión entre los estudiosos, aceptándose por alguno que se diera la combinación entre el arco y la flauta.

Fuente: Los aónikenk. Historia y Cultura. Mateo Martinic

Metales

tupus. Prendedor aónikenkLos aonikenk conocieron los metales en contacto con el conquistador europeo, no obstante ser una técnica ajena fueron diestros en la elaboración de todo tipo de artesanías y utensilios de uso corriente en la vida de la comunidad.. Pasaron casi tres siglos hasta que aprendieron a emplearlos como materia prima, moldeándolos por sí mismos para hacer con ellos sus propias creaciones.

Dominaron la técnica de martillar, moldear, perforar, desgastar y cortar, empleando en parte sus herramientas tradicionales y en parte las de origen extraño. y utilizaban como materiales trozos de hierro, latón, cobre o bronce que obtenían por trueque con los navegantes o con la recién establecida colonia chilena del estrecho de Magallanes o que recogían de los naufragios de la costa.

En el s. XIX eran famosos por sudestreza en la fabricación de variados objetos, entre ellos: botones, grandes y pequeños, cuadrados y redondos; campánulas, discos y piezas laminarees, tupus y aros de variadas formas, trabajados en bronce, cobre, plata, algunas de ellas de incrible maestría.

El trabajo artesanal del metal no solo lo realizaban los varones, pues consta por descripción del viajero Radburne que las mujeres trabajaban la plata, adornos y broches entre otros objetos.

Los Aóniken. Historia y Cultura. Mateo Martiníc

Cueros

Kai o quillango con pieles cocidas. Museo für Völkerkunde, Berlín.El cuero era la materia prima más usada por los aónikenk en sus trabajos artesanales y vestimenta.

Se empleaban toda clase de pieles: guanaco, puma, zorros, gatos montés y de pampa, zorrino, caballo, vacuno e inclusiva, para algunos efectos, el cuero del avestruz.

Fuera de toda duda la pieza más conocida fabricada con este material era el kai o quillango, cuya importancia en el vestido y como producto de comercio justifica una descripción detallada en lo que se refiere a su confección. Su uso era con la piel hacia el interior y el cuero, con pinturas decorativas hacia el exterior.

El cuero de guanaco usado en las capas o quillangos, necesariamente debía ser de guanacos nonatos o de una cría no mayor de dos meses.

Detalle de Quillango exterior con pintura decorativa Museo für Völkerkunde, Berlín. Detalle de Quillango exterior con pintura decorativa Museo für Völkerkunde, Berlín.